Ha llegado el reino de la vida y ha sido derrotado el poder de la muerte. Ha aparecido un nacimiento nuevo y una vida nueva, una manera distinta de ser, una transformación de nuestra misma naturaleza. Este nacimiento no es “por vía de generación humana, ni porque el hombre lo desee, sino que nacen de Dios.” (Jn 1,13)... “Este es el día que hizo el Señor...” (Sal 117,24) Día muy distinto de los del comienzo, porque en este día Dios ha hecho un cielo nuevo y una tierra nueva, como dice el profeta (Is 65,17). ¿Qué cielo? El firmamento de la fe en Cristo. ¿Qué tierra? El corazón bueno, como dice el Señor, la tierra que se empapa de la lluvia que desciende sobre ella, la tierra que hace germinar una mies abundante. (Lc 8,15) En esta creación, el sol es la pureza de vida; las estrellas son las virtudes; el aire, una conducta intachable; el mar, la riqueza profunda de la sabiduría y el conocimiento; la hierba y el follaje son la buena doctrina y las enseñanzas divinas de las que se alimenta el rebaño, es decir, el pueblo de Dios; los árboles frutales son la práctica de los mandamientos. En este día el hombre es creado realmente, aquel que ha sido hecho a imagen y semejanza de Dios. (Gn 1,27) ¿No inaugura este día del Señor un mundo totalmente nuevo para ti?...El mayor privilegio de este día de gracia es que ha destruido la muerte y ha dado a luz al Primogénito de entre los muertos....¡Qué buena y hermosa noticia! Aquel que por nosotros se hizo igual a nosotros, para hacernos hermanos suyos, lleva su propia humanidad al Padre para llevar.
San Gregorio de Nisa (c. 335-395), monje, obispo Primer discurso sobre la resurrección; PG 46, 603, 606, 626, 627
viernes, 15 de mayo de 2015
domingo, 26 de abril de 2015
«Yo soy el buen pastor».
Cristo, con todo derecho, puede decir: «Yo soy». Para él nada es pasado o futuro, todo le es presente, Es lo que él mismo dice en el Apocalipsis: «Yo soy el Alfa y la Omega, el que es, el que era y el que viene, el Todopoderoso» (Ap 1,8). Y en el Éxodo: «Soy el que soy. Dirás a los hijos de Israel: 'El que es me ha enviado a vosotros'» (Ex 3.14). «Yo soy el buen pastor.» La palabra «pastor» viene de la palabra «pacer». Cristo nos apacienta cada día con su carne y con su sangre, en el sacramento del altar. Jesé, el padre de David, dijo a Samuel: «Mi hijo menor es un niño y está paciendo el rebaño» (1S 16,11). Nuestro David, pequeño y humilde, a pacienta también a sus ovejas como un buen pastor... También en Isaías se lee: «Como un pastor apacienta el rebaño; su mano los reúne, lleva en brazos los corderos, cuida de las madres» (Is 40,11)... En efecto, el buen pastor, cuando conduce su rebaño a los pastos o lo saca de él, reúne a todos los corderos pequeños que todavía no pueden caminar; los toma en sus brazos, los lleva sobre su seno; lleva también a las madres, las que vana parir o las que acaban de dar a luz. Eso mismo hace Jesucristo: cada día nos alimenta con las enseñanzas del Evangelio y los sacramentos de la Iglesia. Nos reúne en sus brazos, que extendió sobre la cruz «para reunir en un solo cuerpo a los hijos de Dios dispersos» (Jn 11,52). Nos acoge en el seno de su misericordia, como una madre acoge a su hijo.
San Antonio de Padua (1195-1231), franciscano, doctor de la Iglesia Sermones para el domingo y las fiestas de los santos
San Antonio de Padua (1195-1231), franciscano, doctor de la Iglesia Sermones para el domingo y las fiestas de los santos
sábado, 25 de abril de 2015
LA CELEBRACIÓN DE LA EUCARISTÍA
Así como Cristo, nuestro salvador, se hizo carne por la Palabra, Dios y tuvo carne y sangre a causa de nuestra salvación de la misma manera, hemos aprendido que el alimento sobre el que fue recitada la acción de gracias que contiene las palabras de Jesús, y con que se alimenta y transforma nuestra sangre y nuestra carne, es precisamente la carne, la sangre de aquel mismo Jesús que se encarnó.
Los apóstoles, en efecto, en sus tratados llamados Evangelios, nos cuentan que así les fue mandado, cuando Jesús, tomando pan y dando gracias, dijo: Haced esto en conmemoración mía. Esto es mi cuerpo; y luego, tomando del mismo modo en sus manos el cáliz, dio gracias y dijo: Esto es mi sangre, dándoselo a ellos solos. Desde entonces seguimos recordándonos siempre unos a otros estas cosas; y los que tenemos bienes acudimos en ayuda de los que no los tienen, y permanecemos unidos. Y siempre que presentamos nuestras ofrendas alabamos al Creador de todo por medio de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo.
El día llamado del sol se reúnen todos en un lugar, lo mismo los que habitan en la ciudad que los que viven en el campo, y, según conviene, se leen los tratados de los apóstoles o los escritos de los profetas, según el tiempo lo permita. Luego, cuando el lector termina, el que preside se encarga de amonestar, con palabras de exhortación, a la imitación de cosas tan admirables.
Después nos levantamos todos a la vez y recitamos preces; y a continuación, como ya dijimos, una vez que concluyen las plegarias, se trae pan, vino y agua: y el que preside pronuncia fervorosamente preces y acciones de gracias, y el pueblo responde Amén; tras de lo cual se distribuyen los dones sobre los que se ha pronunciado la acción de gracias, comulgan todos, y los diáconos se encargan de llevárselo a los ausentes.
De la primera Apología de san Justino, mártir, en defensa de los cristianos
(Caps. 66-67: PG 6, 427-431)
(Caps. 66-67: PG 6, 427-431)
miércoles, 22 de abril de 2015
Yo soy el pan de vida
Cuando Cristo dice de sí mismo, refiriéndose al pan: “Este es mi cuerpo” ¿quién dudará? Y cuando afirma “esta es mi sangre” ¿quién vacilará? En su tiempo, en Caná, Jesús transformó el agua en vino –el vino, hermano de la sangre. ¿Quién se negará ahora a creer que transforma el vino en sangre? Invitado a unas bodas según la carne realizó este milagro asombroso. Con más razón ¿cómo no reconocer que concede a los amigos del Esposo la alegría de su cuerpo y de su sangre?
Te es dado su cuerpo bajo la forma de pan y su sangre bajo la forma de vino para que, participando en el cuerpo y en la sangre de Cristo formes con él un solo cuerpo y una sola sangre. Así nos convertimos en “portadores de Cristo” , cristóforos. Su cuerpo y su sangre se diluyen en nuestros miembros. Así nos hacemos partícipes de su naturaleza divina. En otro tiempo, conversando con los judíos, Cristo les decía: “Si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros.” (Jn 6,54) Si el pan y el vino son puramente naturales a tus ojos, no te quedes en esto...Si tus sentidos te extravían, deja que la fe te asegure.
Cuando te acercas, pues, para recibir el cuerpo de Cristo, no te acerques distraído, extendiendo las palmas de las manso con los dedos separados, sino, como se va a posar el Rey sobre tu mano derecha ¡hazle un trono con tu mano izquierda y en el hueco de tu mano recibe el cuerpo de Cristo y responde: Amén!
Te es dado su cuerpo bajo la forma de pan y su sangre bajo la forma de vino para que, participando en el cuerpo y en la sangre de Cristo formes con él un solo cuerpo y una sola sangre. Así nos convertimos en “portadores de Cristo” , cristóforos. Su cuerpo y su sangre se diluyen en nuestros miembros. Así nos hacemos partícipes de su naturaleza divina. En otro tiempo, conversando con los judíos, Cristo les decía: “Si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros.” (Jn 6,54) Si el pan y el vino son puramente naturales a tus ojos, no te quedes en esto...Si tus sentidos te extravían, deja que la fe te asegure.
Cuando te acercas, pues, para recibir el cuerpo de Cristo, no te acerques distraído, extendiendo las palmas de las manso con los dedos separados, sino, como se va a posar el Rey sobre tu mano derecha ¡hazle un trono con tu mano izquierda y en el hueco de tu mano recibe el cuerpo de Cristo y responde: Amén!
San Cirilo de Jerusalén (313-350), obispo de Jerusalén, doctor de la Iglesia
Catequesis bautismal, 22
lunes, 16 de marzo de 2015
Si no veis prodigios y signos, no creéis.” (Jn 4,48)
“Si no veis prodigios y signos, no creéis.” “Si no veis prodigios y signos, no creéis.” (Jn 4,48) El funcionario real parece no creer que Jesús tenga el poder de resucitar a los muertos. “¡Baja antes que no muera mi hijo!” (Jn 4,49) Parece que cree que Jesús ignora la gravedad de la enfermedad de su hijo. Por esto, Jesús le reprocha su poca fe, para mostrarle que los signos y prodigios se realizan sobre todo para curar a las almas. Así, Jesús cura al padre que está enfermo del espíritu no menos que al hijo que está enfermo en su cuerpo. Así nos enseña que hace falta unirse a él, no a causa de los milagros, sino por su enseñanza confirmada por los milagros. Jesús realiza los prodigios no para los creyentes sino para los incrédulos.... Una vez en casa, “creyo y toda su familia” (Jn 4, 53) Gente que no había visto nunca a Jesús ni oído hablar, creen en él. ¿Qué nos quiere enseñar el evangelio? Hay que creer en él sin exigir prodigios; no hay que exigir a Dios pruebas de su poder. En nuestros días, ¡cuánta gente muestra un amor mayor a Dios después que su hijo o su mujer hayan experimentado alivio en sus enfermedades! Aunque nuestros ruegos no fueran escuchados, hay que perseverar igualmente en la acción de gracias y la alabanza. ¡Quedemos unidos a Dios en la adversidad y en la prosperidad!
San Juan Crisóstomo (345?-407), presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia Homilía 35
San Juan Crisóstomo (345?-407), presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia Homilía 35
viernes, 6 de marzo de 2015
Dar fruto en Aquel que lo ha dado en la plenitud de los tiempos
“Mi amado es un racimo de uvas de Chipre, en la viña de En-Gaddi” ... Este racimo divino se cubre de flores antes de su Pasión y derrama su vino en la Pasión... Sobre la vid, el racimo no presenta siempre la misma forma, cambia según el tiempo: florece, aumenta de volumen, crece, y cuando está completamente maduro, se transforma en vino. La vid promete por su fruto: no está todavía madura para poder dar vino, pero espera que llegue el tiempo de su plenitud. Sin embargo, no es del todo incapaz de alegrarnos. En efecto, antes del gusto, nos goza con su aroma esperando los bienes que dará, y seduce el sentido del alma con los perfumes de la esperanza. Porque la firme certeza de la gracia esperada es ya gozo para los que esperan con constancia. Es asimismo para la uva de Chipre, pues promete dar buen vino ya antes de serlo: a través de su flor –su flor es la esperanza- nos asegura la gracia futura...
Aquel cuya voluntad coincide con la del Señor, porque “la medita día y noche”, llega a ser “un árbol plantado junto a la corriente que da fruto en su sazón y su hoja no se marchita” (Sl 1, 1-3). Por eso la viña del Esposo que ha dado su fruto en la tierra fértil de Gaddi, es decir, en el fondo del alma, que es regada y enriquecida por las enseñanzas divinas, produce este racimo florido y desarrollado en el cual puede contemplar a su propio jardinero y a su viñador. ¡Dichosa esa tierra cultivada cuya flor reproduce la belleza del Esposo! Puesto que éste es la luz verdadera, el verdadero camino y la verdadera justicia... y muchas otras virtudes, si alguien, por sus obras, llega a ser semejante al Esposo cuando mira al racimo de su propia conciencia y ve en ella al mismo Esposo, porque refleja la luz de la verdad en una vida luminosa y sin mancha. Por eso esta viña fecunda dice: “Mi racimo florece y brota” (cf Ct 7,13). El mismo Esposo en persona es este verdadero racimo que se presenta atado al madero, del que la sangre sale como verdadera bebida de salvación para los que se gozan en su salvación.
Aquel cuya voluntad coincide con la del Señor, porque “la medita día y noche”, llega a ser “un árbol plantado junto a la corriente que da fruto en su sazón y su hoja no se marchita” (Sl 1, 1-3). Por eso la viña del Esposo que ha dado su fruto en la tierra fértil de Gaddi, es decir, en el fondo del alma, que es regada y enriquecida por las enseñanzas divinas, produce este racimo florido y desarrollado en el cual puede contemplar a su propio jardinero y a su viñador. ¡Dichosa esa tierra cultivada cuya flor reproduce la belleza del Esposo! Puesto que éste es la luz verdadera, el verdadero camino y la verdadera justicia... y muchas otras virtudes, si alguien, por sus obras, llega a ser semejante al Esposo cuando mira al racimo de su propia conciencia y ve en ella al mismo Esposo, porque refleja la luz de la verdad en una vida luminosa y sin mancha. Por eso esta viña fecunda dice: “Mi racimo florece y brota” (cf Ct 7,13). El mismo Esposo en persona es este verdadero racimo que se presenta atado al madero, del que la sangre sale como verdadera bebida de salvación para los que se gozan en su salvación.
San Gregorio de Nisa (c.335-395), monje, obispo
Homilía nº 3 sobre el Cantar de los Cantares
Homilía nº 3 sobre el Cantar de los Cantares
domingo, 1 de marzo de 2015
La transfiguración del Señor
“Jesús les prohibió severamente de contar nada de lo que habían visto hasta que hubiera resucitado de entre los muertos.” (cf Mt 17,9)Jesús quería infundir en sus apóstoles una gran fortaleza de ánimo y de una constancia que les permitirían coger su cruz sin temor, a pesar de su aspereza. También quería que no se avergonzaran de sus suplicios, que no consideraran como una vergüenza la paciencia con la que aceptaría su pasión tan cruel, sin perder nada de la gloria de su poder. Jesús “tomó a Pedro, Santiago y Juan y los llevó a una montaña alta y se transfiguró delante de ellos.” (cf Mt 17,2ss) Aunque habían comprendido que la majestad divina estaba en él, ignoraban todavía el poder que quedaba velada por el cuerpo... El Señor manifiesta su gloria delante de testigos que había escogido, y sobre su cuerpo, parecido al nuestro, se extiende un resplandor tal “que su rostro parecía brillante como el sol y sus vestidos blancos como la luz.” (cf Mt 17,4ss) Sin duda, esta transfiguración tenía por meta quitar del corazón de sus discípulos el escándalo de la cruz, no hacer tambalear su fe por la humildad de la pasión voluntariamente aceptada... Pero esta revelación también infundía en su Iglesia la esperanza que tendría que sostener a lo largo del tiempo. Todos lo miembros de la Iglesia, su Cuerpo, comprenderían así la transformación que un día se realizaría en ellos, ya que los miembros van a participar de la gloria de su Cabeza. El mismo Señor había dicho, hablando de la majestad de su venida: “Entonces, los justos brillarán como el sol en el reino de mi Padre.” (Mt 13,43) Y el apóstol Pablo afirma: “Los sufrimientos del mundo presente no pesan lo que la gloria que se revelará en nosotros.” (cf Rm 8,18)... También exclamó: “Habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en dios; cuando aparezca Cristo, vuestra vida, entonces también vosotros apareceréis gloriosos con él.” (Col 3,3-4)
Comentario del Evangelio por : San León Magno (¿-c.461), papa y doctor de la Iglesia Homilía 51/38, sobre la Transfiguración “
Comentario del Evangelio por : San León Magno (¿-c.461), papa y doctor de la Iglesia Homilía 51/38, sobre la Transfiguración “
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